Sumergido bajo miradas que te analizan de arriba a abajo, a veces incluso de abajo a arriba, daría lo que fuera por conocer alguna de las ambiciones y deseos de dichas almas vagabundas.
Sin embargo, nadie te mira a los ojos. Unos sostienen sus pupilas sobre las tuyas más que otros, pero al final el yugo del aislamiento ante lo desconocido nos puede, pese a que somos una especie naturalmente curiosa. Es esa incómoda claustrofobia a meterse en el corazón de alguien desconocido, con el que sólo compartes el andén del tren.
jueves 18 de febrero de 2010
miércoles 10 de febrero de 2010
Llamamiento a la creatividad
No hace falta ser un líder mediático. No hace falta tener una propia cadena de televisión. No hace falta manifestarse lanzando piedras y cócteles molotov. No hace falta enseñar los dientes.
A veces, un mensaje honesto y un megáfono son más que suficientes:
Ayudadme a difundir este video, ya sea a través de vuestro blog, correo, red social o lo que creáis necesario.
Tampoco olvidéis buscar vuestra propia forma creativa y original de despertarnos los unos a los otros: Carteles, pegatinas, blogs, videos, redes sociales, música, escenificaciones. La revolución nace en el interior de cada uno, pero depende de todos.
A veces, un mensaje honesto y un megáfono son más que suficientes:
Ayudadme a difundir este video, ya sea a través de vuestro blog, correo, red social o lo que creáis necesario.
Tampoco olvidéis buscar vuestra propia forma creativa y original de despertarnos los unos a los otros: Carteles, pegatinas, blogs, videos, redes sociales, música, escenificaciones. La revolución nace en el interior de cada uno, pero depende de todos.
“Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena.”(Martin Luther King)
martes 9 de febrero de 2010
Dejar de... Empezar a...
Hay un momento en la vida en el que dejas de usar tu escudo, y empiezas a usar tu espada.
Hay un momento en la vida en el que dejas de escuchar la voz del consejo, y empiezas a escuchar la voz de tu interior.
Hay un momento en la vida en el que dejas de ser una víctima de la tempestad, y empiezas a ser el capitán de tu barco.
Hay un momento en la vida en el que dejas de gatear, y empiezas a caminar.
Hay un momento en la vida en el que dejas de poner escusas, y empiezas a poner soluciones.
Hay un momento en la vida en el que dejas de mirar con ojos de cordero, y empiezas a mirar con ojos de lince.
Hay un momento en la vida en el que dejas de proyectar tus defectos en los demás, y empiezas a proyectar tus virtudes.
Hay un momento en el que dejas de pensar que la vida es dura, y empiezas a pensar que la vida es lo que tú quieras que sea.
Hay un momento en la vida en el que dejas de escribir sobre la vida, y empiezas a vivirla.
Hay un momento en la vida en el que dejas de escuchar la voz del consejo, y empiezas a escuchar la voz de tu interior.
Hay un momento en la vida en el que dejas de ser una víctima de la tempestad, y empiezas a ser el capitán de tu barco.
Hay un momento en la vida en el que dejas de gatear, y empiezas a caminar.
Hay un momento en la vida en el que dejas de poner escusas, y empiezas a poner soluciones.
Hay un momento en la vida en el que dejas de mirar con ojos de cordero, y empiezas a mirar con ojos de lince.
Hay un momento en la vida en el que dejas de proyectar tus defectos en los demás, y empiezas a proyectar tus virtudes.
Hay un momento en el que dejas de pensar que la vida es dura, y empiezas a pensar que la vida es lo que tú quieras que sea.
Hay un momento en la vida en el que dejas de escribir sobre la vida, y empiezas a vivirla.
lunes 8 de febrero de 2010
¿Sin rodeos?
Dos amigos estaban haciendo ciclismo de montaña por unos montes escabrosos. Al llegar a un altiplano y ver el río uno de ellos propuso un reto:
— ¿Qué te parece esto? El último que llegue a la orilla de ese río debe regalar su bicicleta al otro.
— ¿Es necesario apostar? No me gusta jugarme nada con amigos…
— ¡Claro que es necesario! ¿Qué emoción tendría si no? ¿Tienes miedo de perder tu bicicleta?
Ambos se separaron en busca de la ruta más rápida. A las dos horas, el chico que quería evitar la apuesta llegó al río. Media hora más tarde llegó su compañero:
— ¿¡Cómo puede ser que hayas llegado antes que yo!? ¡Es imposible! ¡He ido en línea recta!
—Lo sé. Sé que eres un defensor de que el trayecto más corto entre dos puntos es la línea recta. Pero no siempre el trayecto más corto, es el camino más efectivo.
— ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
—Has visto tu objetivo con suma estrechez. Con un poco de perspectiva te hubieses percatado de que a nuestra izquierda había una carretera. Y sí, yo he dado un gran rodeo. Pero, a pesar de ello, he ahorrado tiempo.
—Muy hábil por tu parte…
—Muchas cosas de la vida se consiguen dando rodeos. Lo inteligente a veces no es darse cabezazos contra un problema, sino sortearlo con suavidad.
—Sí… puede que tengas razón… En fin, supongo que te has ganado mi bicicleta.
—No, no la quiero. Creo que le tienes mucho cariño, y un buen rodeo ahora sería cancelar la apuesta, para así evitar futuros resquemores entre amigos.
— ¿Qué te parece esto? El último que llegue a la orilla de ese río debe regalar su bicicleta al otro.
— ¿Es necesario apostar? No me gusta jugarme nada con amigos…
— ¡Claro que es necesario! ¿Qué emoción tendría si no? ¿Tienes miedo de perder tu bicicleta?
Ambos se separaron en busca de la ruta más rápida. A las dos horas, el chico que quería evitar la apuesta llegó al río. Media hora más tarde llegó su compañero:
— ¿¡Cómo puede ser que hayas llegado antes que yo!? ¡Es imposible! ¡He ido en línea recta!
—Lo sé. Sé que eres un defensor de que el trayecto más corto entre dos puntos es la línea recta. Pero no siempre el trayecto más corto, es el camino más efectivo.
— ¿Qué? ¿Qué quieres decir?
—Has visto tu objetivo con suma estrechez. Con un poco de perspectiva te hubieses percatado de que a nuestra izquierda había una carretera. Y sí, yo he dado un gran rodeo. Pero, a pesar de ello, he ahorrado tiempo.
—Muy hábil por tu parte…
—Muchas cosas de la vida se consiguen dando rodeos. Lo inteligente a veces no es darse cabezazos contra un problema, sino sortearlo con suavidad.
—Sí… puede que tengas razón… En fin, supongo que te has ganado mi bicicleta.
—No, no la quiero. Creo que le tienes mucho cariño, y un buen rodeo ahora sería cancelar la apuesta, para así evitar futuros resquemores entre amigos.
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